Estilo y … Thow

No Tags | Sin categoría

 

‘NO SE TRATA DE HACER GRAFFITI, SE TRATA DE SER GRAFFITI’

Hablar de graffiti hoy en día resulta bastante sencillo. En una era donde la información y recursos tecnológicos nos desbordan por las orejas, la propagación de las modas está tremendamente globalizada. Y es que, ¿todavía alguien no sabe hoy en día quién es Banksy? Ahora el graffiti está de moda. Pero a tus 35 años, con casi 20 años en la producción, para hablar de graffiti no puedes hablar de actualidad, tienes que hablar de memoria. Decía Walter Benjamin que toda época siempre ha rechazado su propia modernidad, su presente, y que siempre hemos preferido la época anterior a la nuestra. Quizá porque ya no podemos recuperarla, quizá porque ni siquiera lo hayamos vivido, quizá porque el pasado siempre fue mejor de lo que es un presente incomprensible y de lo que será un futuro incierto. Y es que plantarte casi a mitad de camino de tu vida y echar la vista atrás a veces te da hasta vértigo, sobre todo si intentas buscar una explicación.

 

Si algo he aprendido todos estos años es que dar explicaciones es uno de los mayores males que tiene el ser humano. Hablar de graffiti y dar explicaciones es tan contradictorio como hablar de política en España y buscar soluciones, hipocresía pura. Porque para mi el graffiti no es una moda pasajera, como los pantalones pitillo o la cresta de Beckham, el graffiti es una actitud, un acto de rebeldía, lo que en términos foucaltianos sería el biopoder: una forma de resistencia. Es la constitución de un sentido por si mismo, la construcción de un valor de uso en la realidad. Y es que afrontar la realidad en una era tan difícil como la nuestra, con el capitalismo consumista acechando como una mala sombra y donde los selfies anestesian la capacidad de crítica del individuo, ya que no es capaz de ver la realidad si no lo hace a través de su narcisismo patológico, quizá este desencanto de la sociedad te hace reafirmarte en lo que haces, que al fin y al cabo es vivir la vida, como dice la canción ‘a mi manera’. Porque en el graffiti nuestro selfie es verte reflejado en la chapa del vagón, el lugar donde te buscas a ti mismo huyendo de ese caos de convenciones y cánones éticos, desacuerdos, en definitiva, de incomprensión de tu contexto. Es entonces cuando te planteas el graffiti como resultado de la negación de todos los valores vigentes, como autoafirmación de esa negación, como espacio de reflexión y como punto de partida de la intuición, que queda expresada en voluntad de poder, tu próxima creación. Porque no hace tanto que el graffiti era vandalismo, algo malo que ninguna madre quería para su hijo. Ahora sin embargo, te puede llevar a la fama y hacer de ti una mejor persona, aunque solo sea porque como decía Andy Warhol tengas tus ’15 minutos de gloria’. Sin embargo, si tuviera que relacionar directamente mi obra con mi trayectoria, incluso con mi forma de vida, no lo haría desde el reconocimiento, lo haría inevitablemente desde la pasión como punto de partida. El final es el mismo para todos, así que aprendí en las vías que lo importante es lo que hacemos mientras llega nuestra hora. Disfrutar de la búsqueda es lo mas interesante y gratificante, si buscas el porqué no vives, solo teorizas. Sólo te veras fugazmente, borroso, y en un abrir y cerrar de ojos estás fuera de juego.

 

Con frecuencia recuerdo la fijación que desprendían las palabras de un compañero de graffiti con el que solía coincidir en algunas misiones, el cual acostumbraba a decir bajo el peso de su terrible obsesión ‘los trenes irán pintados’. Tampoco creo que se trate de eso sin más. Quiero decir, que esa fijación sea lo único que te mueva a la hora de crear. Y es que no es tan fácil entender lo que haces con un simple ‘yo voy y simplemente creo’ como contaba Cap en Style wars. Como decía antes, el graffiti es una actitud, es ilusión, pasión, locura y desenfreno como el amor, de hecho es un amor, pero un amor incondicional por la adrenalina, euforia frustración y éxito. Estados completamente antagónicos que en apenas pocos segundos revolucionan tus neuronas a 1000 rpm, superponiéndose unas sobre otras de manera yuxtapuesta, desafiando esa actitud cuanto menos desacomodada. Dicen de nuestra generación la generación del ‘bienenstar’, que lo tenemos todo, que todo se puede comprar. El graffiti sería entonces una generación del malestar, un malestar del que en su esencia, te hace caminar como un funambulista al que su caída solo le llevará hacia la felicidad de su propio reto, hacer de su vida su obra. Así lo proponía la película El odio, lo que importa no es la caída, sino el aterrizaje. Hasta ahora todo va bien. Y es que, todo artista en algún momento de su trayectoria se siente abrumado por la dimensión de su obra, pero no por volumen ni por éxito, ni siquiera por decadencia; sino porque tu obra es tu estudio, ese espacio de búsqueda, de prueba, de ensayo y error, donde se experimenta y desarrolla lo que a tus espaldas te acompaña a lo largo de toda tu vida. Por tanto, es lo que te define como ser, teniendo este concepto dos sentidos el de esencia y existencia. Por un lado, justifica tu existencia, por otro, evoca tu esencia. Me gusta cuando Duane Michals dice que los ojos no saben nada, que hay que dejar de creer lo que todos creemos y empezar a ‘mirar el alma como fuente original de nuestra experiencia’, dispuestos a dudar de nosotros mismos. Y es que para mí eso es el graffiti, un relato interno que la vida sencilla no podría mostrarme jamás, mi alma. Tu destino a ninguna parte, el cual evoca la experiencia del recuerdo por las las vías como un lugar de escondite al desamparo de una vida ‘normal’, donde tu mismo te pones en duda. ¿Estás loco?, ¿porqué haces lo que haces? No lo sé, pero si el graffiti no te sirve para ganarte la vida, al menos que te sirva para vivirla.


 










No Comments

Comments are closed.